Hago chasss y desaparezco
Llevaba tiempo sin escribir por aquí. El libro de Obi y otros asuntos me habían mantenido distraído y, para ser sincero, tampoco sentía necesidad de sacar nada de dentro. Hasta hoy.
En la vida, las personas llegan, se quedan un tiempo y, tarde o temprano, se van. A veces por decisión propia; otras, porque la vida decide por ellas. Nadie, hasta la fecha, ha conseguido quedarse para siempre.
Pero no quiero hablar de esas despedidas inevitables. Quiero hablar de las otras: de las que llegan sin aviso.
De esas personas que, de un día para otro, parecen recibir una descarga en algún rincón oculto del cerebro y actúan como completos desconocidos. Sin palabra, sin explicación, como si todo lo compartido no hubiera existido.
Puedes conocer a alguien desde hace poco y pensar que nada romperá la comunicación. Pero ya lo dice el refrán: dime con quién andas y te diré quién eres. Lo que antes asegurabas no ser, termina convirtiéndose en aquello que tus circunstancias requieren. Quizá para encajar. Quizá para contentar a quienes ahora te rodean. Aunque uno crea que no es así.
Luego están quienes creías que te conocían de verdad. Amigos de años, con quienes compartiste momentos cotidianos, pequeñas rutinas y confianza. Esa cercanía que parecía inquebrantable puede cambiar sin aviso. De repente, sin discusión ni reproche, sin que ocurra nada en persona, algo dentro cambia y decide: hasta aquí.
El lugar donde vivimos es pequeño; todos nos conocemos, o somos conocidos de conocidos. A nada que tires del hilo, aparece alguien conectado a otra historia, a otra decisión inesperada. Y en sitios así, todo termina volviendo al punto de partida. Incluso cuando jurabas no querer volver a donde no se te valora, descubres que la distancia es a veces el único acto de dignidad.
Cada año trae sus lecciones. Y aunque creías haber aprendido algunas, la vida encuentra la forma de recordártelas. Este 2026 apenas comienza y ya me ha recordado una de las más claras: la puerta para entrar en mi vida siempre estará abierta. La salida… es de no retorno.
Y este año, hay quienes ya la han cruzado.
Gracias por los años compartidos.
Hasta siempre.

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