El muro maldito
Hoy en día, hemos cambiado mucho la mentalidad de la época de romanos y griegos, pero seguimos atados, cada vez menos, a la iglesia. Sea por fe o sea por necesidad de recurrir a algo en momentos de desesperación.
Hay momentos en la vida, que por mucha fe o por mucha creencia que tengas a algo o alguien, no va a servir de nada. Hay muchos tipos de personas, tantos como almas, que aunque no las veamos, la fe actúa sobre nosotros para creer en ellas.
Hay personas afortunadas en el dinero, otras afortunadas en salud y otras afortunadas en amor, también hay quienes tienen mezcla para bien o para mal de lo mencionado, independientemente de seas una buena o una mala persona.
Hay personas a las que como si una maldición les hubiese caído. Personas que llevan trabajando toda una vida y llegan a la vejez mendigando por llegar a fin de mes para poder llevarse un trozo de pan a la boca.
Personas que desde que nacen, pasan media vida en los hospitales como si de un coche a un taller se tratara, buscando piezas de recambio para poder seguir con el camino y avanzar.
Y personas negadas al amor, que tienen dinero, de salud no puede quejarse, pero que en amor, es como si un muro, transparente, obstaculizara el objetivo y que por mas veces se trate de atravesar el muro, este, se mantenga intacto, como si nada hubiese ocurrido, como si una maldición se adueñara de lo que la persona anhela y que cuando mas cerca se ve, en realidad es un espejismo de un oasis a años luz de distancia, provocando en el ser que anhela ese amor inalcanzable, tras ese muro. Un desgarro sentimental que duele como si diez mil alfileres se clavasen en el pecho, obligándole a sacudirse para soportar el dolor provocado. Solo la cabeza puede curar al corazón y eso pasa por crear un colchón anticaídas, para cuando llegue la próxima caída, sea lo menos dolorosa posible. Maldito muro, maldito muro.
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