La tormenta
Desde pequeños estamos en continuo aprendizaje. Desde que empezamos a gatear, con esos juegos de cubos, puzzles, jugando a la pelota. Ejercicios que nos fortalecen en reflejos, en velocidad y nos preparan para lo que es la vida.
Llegados al instituto, la manera de pensar pasa de niño a pensamiento de adulto aunque en esa laguna nos hace la mente actuar como niños o como adulto según la situación.
Hay un momento en la vida en el que la mente te hace conocer tu "yo" interior y te afloran sentimientos y sensaciones que nunca pensaste que tendrías, algo tan poderoso que hipnotiza, unos lo llaman tener afecto, otros prefieren llamarlo amor.
En este momento, cuando alguien tiene ese sentimiento entra en un bucle interno del que para salir es como un laberinto infinito casi sin salida, del que sabes cuándo entras pero desconoces cuando sales. Ese momento en el que sientes que el corazón te sacude como un barco en plena tormenta y fuese golpeado por una roca en un acantilado, agrietándose por los golpes de la mar.
Y aunque si es cierto que la mente es el arma más poderosa de una persona, puede destruirte en mil pedazos si no se logra dominar el timón. Para ello hay que ser fiel a uno mismo, buscar sobrevivir a situaciones turbulentas, alejárse de la negra tempestad y acercándote a lugares paradisíacos en la que poder vivir el momento y el día a día. Es un viaje largo, muy largo, pero que sin duda, viajando con la mejor tripulación se llegará seguro a un buen puerto.
La felicidad absoluta no existe, pero si te rodeas de gente que lo haga más fácil es casi lo mismo.
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