Una mochila en la vida
De niño me gustaba ir a la escuela y que esa mochila pesase lo menos posible. Libros y cuadernos pequeñitos son menos molestos que blocs de dibujo que ocupaban toda la mochila, sin contar con las escuadras, cartabones y reglas. Esos libros de tecnología, ciencias sociales o naturales eran también pesados, aunque algo menos.
Las clases de educación física eran las más divertidas: sólo había que preocuparse por llevar el chándal y el calzado adecuado. En definitiva, cuanto menos pese la mochila, más fácil es recorrer el camino.
En la vida es lo mismo. Hay personas que son auténticos libros de historia y otros son como un chándal y deportivas. Estos últimos son los que hay que mantener por la comodidad que generan y la tranquilidad que da saber que no van a molestarte, al revés, aporta para avanzar en un camino en el que habrá escalones y duras rampas, por supuesto, que cada uno cargue con su propia mochila ; no dejéis que el típico compañero travieso quiera hacer cargar el peso de las dos.
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