No pudo ser

Ha pasado mucho tiempo desde mi último escrito por aquí, lo sé. Tampoco sabía exactamente que escribir pues cuando lo hago es para poder expresar lo que siento cuando algo me pesa por dentro. Pues hoy es ese día y lo hago a las 6:21 de la mañana, momentos previos a que me suene el despertador y prepararme para ir a trabajar, en un lunes que será duro mentalmente.
 Ayer día 2 de junio, mi equipo, la UD Logroñés, quedaba eliminada en el último partido del año. Perdimos el primer partido de casa en todo el año y lo hicimos en el peor momento. 
Estoy feliz en parte,  porque este equipo ha conseguido llenar Las Gaunas en un partido en 2 RFEF ( 4ª división española), no todos pueden decir lo mismo. Pero por otro lado estoy jodido, siento que ha sido un año perdido, como que después de tanto nadar, hemos muerto ahogados en la orilla.

Dicen que esto es solo futbol, que "solo son 11 tíos corriendo detrás de una pelota", pero es más que eso. Ver a esos tíos defender el escudo que sientes como tuyo, es como ver a tus guerreros disputar semana tras semana una batalla encarnizada por traer a casa el premio en forma de puntos para verte en lo más alto de la clasificación.
Ayer al finalizar el partido, justo al escuchar el silbato del árbitro, fue como si un puñal terminase de rematarme a lo que ya se anunciaba la muerte, que ya se sabía que llegaría. Final del partido. Mirada perdida a ninguna parte durante unos minutos. Sensación de que estos nueve meses no han servido para nada. Habíamos muerto en la orilla.
Tras volver a mi ser, decidí levantarme, bajar las escaleras hasta la primera fila a cantar y animar a mis guerreros, desolados sobre el césped de Las Gaunas, mientras en el fondo el equipo rival y su afición reflejaban todo lo contrario.

Poco a poco, los jugadores fueron levantándose, unos lo hacían solos, otros, como fue el caso de Kike Royo, el portero, necesitó la ayuda de más de uno de sus compañeros, un error suyo nos costó la eliminación, sus lágrimas lo decían todo, no había manera de consuelo y por primera vez, yo tuve ese sentimiento de derramar alguna lágrima al verle, como si el llanto fuese contagioso. Los jugadores pasaron a agradecer el apoyo, fueron chocando las manos, pudimos animarles, está vez hablando con ellos. Algunos de ellos con lágrimas en los ojos, viendo que ellos, al igual que nosotros, sienten el escudo. No pudo ser. Esto es lo jodido de este deporte. Un partido decisivo en el que ganar es alcanzar la gloria. Perder es mantenerte en el infierno. Está vez, tocó lo segundo. 
Pero esto no acaba aquí. El año que viene lo volveremos a intentar con más ganas si cabe.

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